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lunes, 17 de junio de 2013

Adolfo Bioy Casares



Nuestros hábitos suponen una manera de suceder las cosas, una vaga coherencia del mundo. Ahora la realidad se me propone cambiada, irreal. Cuando un hombre despierta o muere, tarda en deshacerse de los terrores del sueño, de las preocupaciones y de las manías de la vida.





[...] en la soledad es imposible estar muerto.





en: La invención de Morel.

miércoles, 24 de abril de 2013

Roberto Juarroz



                                                        9
     
                                                             Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.

Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo. 



17

Hay que caer y no se puede elegir dónde.

Pero hay cierta forma del viento en los cabellos,
cierta pausa del golpe,
cierta esquina del brazo
que podemos torcer mientras caemos.

Es tan sólo el extremo de un signo,
la punta sin pensar de un pensamiento.

Pero basta para evitar el fondo avaro de unas manos
y la miseria azul de un Dios desierto.

Se trata de doblar algo más que una coma
en un texto que no podemos corregir. 


18

Tú no tienes nombre.
Tal vez nada lo tenga.

Pero hay tanto humo repartido en el mundo,
tanta lluvia inmóvil,
tanto hombre que no puede nacer,
tanto llanto horizontal,
tanto cementerio arrinconado,
tanta ropa muerta
y la soledad ocupa tanta gente,
que el nombre que no tienes me acompaña
y el nombre que nada tiene crea un sitio
en donde está de más la soledad.

27

Entre pedazos de palabras
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte.

Venían de desmorir.
Pero no les bastaba con eso.

Tenían que seguir retrocediendo,
tenían que desvivirlo todo
y después desnacer.

No pude hacerles ninguna pregunta,
ni mirarlas dos veces.

Pero ellas me indicaron el único camino
que tal vez tenga salida,
el que vuelve desde toda la muerte
hacia atrás del nacer,
a encontrarse con la nada del comienzo
para retroceder y desnadarse. 

37

Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo.
Mientras te lustras los zapatos,
mientras odias,
mientras le escribes una carta prolija
a tu amor único o no único.
Y aunque pudieras llegar a no hacer nada,
alguien estaría muriendo,
tratando en vano de juntar todos los rincones,
tratando en vano de no mirar fijo a la pared.
Y aunque te estuvieras muriendo,
alguien más estaría muriendo,
a pesar de tu legítimo deseo
de morir un minuto con exclusividad.
Por eso, si te preguntan por el mundo,
responde simplemente: alguien está muriendo. 


57

El hombre pierde la vida y otras cosas,
se ensucia con cualquier crecimiento,
no aprenderá nunca a vestirse
y es un inexplicable ensayo de la muerte.

Sin embargo,
busca una forma higiénica de morirse,
mientras da saltitos variables por las calles
y desocupa más sitio que el que ocupa.
Se desayuna moralmente
y dobla saludos y se los mete en el bolsillo.

Pero hay un saludo que no puede doblar,
un saludo que en el bolsillo no le cabe.

Y lo pierde, eso sí que lo pierde,
más que la vida y otras cosas,
por ejemplo, el cumpleaños de su muerte. 


En: Poesía Vertical 1958.

jueves, 28 de febrero de 2013

Ernesto Sabato





Su memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa, en efecto, entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías. O acaso salgan a la superficie de la conciencia unidas por vínculos absurdos pero poderosos, como una canción, una broma o un odio común. Como ahora, para ella, el hilo que las une y que las va haciendo salir una después de otra es cierta ferocidad de la búsqueda de algo absoluto, cierta perplejidad, la que une palabras como padre, Dios, playa, pecado, pureza, mar, muerte.




En: Sobre héroes y tumbas; I. El dragon y la princesa.

a Patxi.

martes, 12 de febrero de 2013

Charles Baudelaire










EL HOMBRE Y EL MAR

¡Hombre libre, por siempre has de querer al mar!
Es tu espejo: contemplas a tu espíritu mismo
en su ola que se desenrolla sin cesar;
y tu alma no es menos amarga que su abismo.

Gozas hundiéndote en el seno de tu imagen;
la acaricias con brazos y ojos; tu corazón
se distrae muchas veces de su propia emoción
al eco de esa queja indomable y salvaje.

Ambos sois tenebrosos a la vez y discretos:
hombre, nadie ha sondeado el fondo de tu abismo;
oh mar, nadie ha llegado a tu tesoro mismo,
¡con tan celoso afán guardáis vuestros secretos!

Y entre tanto van ya siglos innumerables
que sin piedad ni remordimiento os atacáis;
de tal modo la muerte y la matanza amáis,
¡oh eternos luchadores, oh hermanos implacables!








En Las flores del mal. 

jueves, 3 de enero de 2013

Georges Bataille

La voluntad de lo imposible

II
   
   Cada cual puede, si así lo prefiere, bendecir una naturaleza caritativa, arrodillarse ante Dios...
   No hay nada en nosotros que no esté constantemente en juego, que no esté abandonado.
   La súbita aspereza de la suerte desmiente la humildad, desmiente la confianza. La verdad responde como una cachetada en la mejilla ofrecida por los humildes.
   El corazón es humano en la medida en que se rebela. No ser un animal, sino un hombre, significa rechazar la ley (la de la naturaleza.)
   Un poeta no justifica del todo la naturaleza. La poesía está fuera de la ley. Sin embargo, aceptar la poesía la convierte en su opuesto, en mediadora de una aceptación. Suavizo el resorte que me impulsa contra la naturaleza, justifico el mundo dado.
   La poesía produce penumbras, introduce el equívoco, aleja al mismo tiempo de la noche y del día -tanto del cuestionamiento como de la puesta en acción del mundo.
   ¿No es evidente? la amenaza constantemente pendiente con que la naturaleza nos tritura, nos reduce a lo dado -anulando así el juego que ella juega más allá de sí misma- requiere de nosotros la atención y la astucia. 
   El relajamiento nos saca del juego -al igual que el exceso de atención. El arrebato feliz, los saltos razonables y la calmada lucidez se le exigen al jugador -hasta el momento en que se quede sin suerte, o sin vida.
   Me acerco a la poesía con intención de traicionar: el ánimo astuto es el más fuerte en mí. 
   La fuerza perturbadora de la poesía se sitúa fuera de los bellos momentos a los que llega: comparada con su fracaso, la poesía se arrastra.
   La opinión común sitúa aparte a los dos autores que añadieron el brillo de su fracaso al de su poesía.
   El equívoco generalmente está ligado a sus nombres. Pero uno y otro han agotado el movimiento de la poesía -que culmina en su contrario: en un sentimiento de impotencia para la poesía.
   La poesía que no se eleva hasta la impotencia de la poesía es todavía el vacío de la poesía (la bella poesía).

En: La felicidad, el erotismo y la literatura. Adriana Hidalgo Editora. 

   

lunes, 17 de diciembre de 2012

Miguel Morey

Poco a poco, vas entrando en el tiempo inmóvil de las historias: y sales a pasear como quien va al encuentro de un tiempo otro –como quien busca un encuentro, en un tiempo roto. El pasado, el presente y el futuro –los tres caben juntos en cada uno de los pasos. […] Se lo que quiero. Quiero perderme por las calles de mi ciudad como si las viera por vez primera –y saludarlas, demorándome en ese momento en el que todo parece estar a punto de hablar. Camino y espero que algo suceda, que lo inesperado salga a mi encuentro –que un detalle inédito se revele de pronto ante mí, forzándome como un signo de algo en lo que debo pensar: algo que no soy yo, que no es mío, algo a lo que pertenezco. El futuro camina conmigo y es el carnaval imaginario de los ensueños que compone figuras imposibles, monstruos amables: paseo una intención sin intenciones. Busco lo que no se espera -salgo al encuentro de lo que sólo cuando se encuentra se sabe que es precisamente aquello lo que se andaba buscando: una palabra, el rostro de alguien, un rincón con un efecto de luz, un recuerdo. Camino, y el pasado camina conmigo –lo he olvidado todo: quien fui, lo que han hecho de mí, tanto tiempo perdido. […] Todo sigue vivo en este presente congelado en el que lo que está a punto de pasar, ya ha pasado. Mi presente es un estar atento sin estarlo, un empleo de mi tiempo que me lleva al encuentro de la más secreta existencia –al encuentro de eso en lo que no me reconozco cuando me lo propongo, eso que es como si fuera yo precisamente porque lo ignoro. Decido el modo de encarar cada encrucijada sin dejar que la decisión logre pasar por el tiempo de la conciencia –al azar, o por un pálpito. Y entonces, cuando no miro, veo –cabalgando sobre el lomo del ocio de los hombres libres, al paso. Paseo como los desposeídos de mi ciudad que duermen bajo los puentes del Sena, o en algún vagón desahuciado, junto al Muro de Berlín. Paseo como sólo saben pasear los hombres pobres, los hombres libres, los hombres solos. Paseo y siento casi piedad por la ciudad Blanca de los hombrecillos derrotados, donde todas son la calle Melancolía –cuando todas las certidumbres vuelan hacia atrás y depositan en el ayer su lastre protector. Y se sueña entonces sólo en poder volver, en volver a poder –porque ya nada parece posible sino tensar ese mínimo hilillo, ese último amarre, y dejar volar una vieja cometa. Paseo y siento casi desprecio por la Ciudad Gris, de acero, cristal y cemento, la de los eternos hombres del mañana, en la que todas las calles llevarán un día su nombre –hombres que no imaginan otro futuro sino seguir siendo más lo que son, día tras día. Y sueñan solo con poder llegar, con llegar a poder –y vuelan así, suspendidos de un globo cautivo. Paseo ignorando siempre a las gentes que vienen de algún sitio, a las que quieren llegar a alguna parte –porque mienten o se engañan, porque desconocen lo que son.

en Deseo de ser Piel Roja.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Marguerite Duras



Encontrarse en un hueco, en el fondo de un hueco, en una soledad casi total, y descubrir que solo la escritura nos salvara.


Hay una locura de escribir, que está en sí misma, una locura furiosa de escribir pero no es por esto que uno está en la locura. Al contrario. La escritura es lo desconocido. Antes de escribir uno no sabe nada de lo que va a escribir. Y con toda lucidez. Es lo desconocido de sí mismo, de su cabeza y de su cuerpo.



Yo siempre he estado al borde del mar en mis libros... Yo estuve en relación con el mar muy joven en mi vida, cuando mi madre compró el dique, la tierra de “Una barrera contra el Pacifico”, que el mar invadió todo y que nos arruinamos.
El mar me da mucho miedo, es lo que me da más miedo en el mundo... Mis pesadillas, mis sueños de terror siempre han tenido que ver con el mar, con la invasión del agua. Los diferentes lugares de Lol V. Stein son siempre lugares marítimos, es siempre al borde del mar que ella está. Mucho tiempo ví ciudades muy blancas como esta, blanqueadas por la sal, un poco como si hubiera sal por encima en las rutas, en los lugares donde se desplaza Lola Valérie Stein... Fue bastante tarde que me dí cuenta que no era S. Thala, sino Thalassa.







En: Reflexiones sobre 'El arrebato de Lol V. Stein.' por Michael Meyer