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martes, 31 de mayo de 2011

E.M. CIORAN "Ese maldito yo" Ed Tusquets.





"Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo."

"El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad"

"Esos instantes en los que basta un recuerdo o menos aún para deslizarse fuera del mundo"

"La mejor prueba de que la envidia es universal es que se manifiesta hasta en los propios alienados, en sus breves intervalos de lucidez"

"Lo que sé arruina lo que deseo"

lunes, 9 de mayo de 2011

JAMES LOVELOCK Las edades de Gaia.



La vida es social. Existe en comunidades y colectivos. Existe una palabra útil en física para describir las propiedades de los conjuntos: COLIGATIVO. Es necesaria porque no hay manera de medir o expresar la temperatura o la presión de una molécula individual. Los físicos dicen que temperatura y presión son propiedades coligativas de un número suficiente de moléculas. Todos los conjuntos de cosas vivas presentan propiedades no esperadas desde el punto de vista de un solo elemento vivo. Nosotros, y algunos otros animales, mantenemos una temperatura constante cualquiera que sea la temperatura de nuestro alrededor. Este hecho nunca hubiera podido ser observado a partir de la consideración de una sola célula de un cuerpo humano. La tendencia a la constancia fue observada por primera vez por el fisiólogo francés Calude Bernanrd en el siglo XIX. Su sucesor americano de este siglo, Walter Cannon, la llamó HOMEOSTASIS, o sabiduría del cuerpo. La homeostasis es una propiedad coligativa de la vida.

No tenemos problemas con la idea de que las entidades nobles como los seres humanos están formadas por una serie de comunidades celulares interconectadas de forma intricada. No encontramos muy difícil considerar una nación o una tribu como una entidad formada por su gente y el territorio que ocupan. ¿Pero qué podemos decir acerca de las grandes entidades como los ecosistemas y Gaia? Fue necesario ver la Tierra desde el espacio, directamente a través de los ojos de los astronautas o indirectamente mediante los medios de comunicación, para que nos diera la sensación personal de un planeta realmente vivo en el que las cosas vivas, el aire, el océano y las rocas se combinan en una sola entidad como Gaia.


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La hipótesis de Gaia, cuando la expusimos en los años setenta, suponía que la atmósfera, los océanos, el clima y la corteza de la Tierra se encuentran ajustados a un estado adecuado para la vida por el comportamiento de los mismos organismos vivos. Concretamente, la hipótesis de Gaia dice que la temperatura, el estado de oxidación, de acidez y algunos aspectos de las rocas y las aguas se mantienen constantes en cualquier época, y que esta homeostasis se obtiene por procesos cibernéticos llevados a cabo de manera automática e inconsciente por el biota. La energía solar sustenta estas condiciones favorables para la vida. Estas condiciones son sólo constantes a corto plazo y evolucionan en sincronía con los cambios requeridos por el biota a lo largo de su evolución. La vida y su entorno están tan íntimamente asociados que la evolución afecta a Gaia, no a los organismo o al medio ambiente por separado.

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La primera ley de la termodinámica se refiere a la energía o, en otras palabras, a la capacidad de realizar trabajo. Este principio dice que la energía se conserva. La energía que en forma de luz solar cae sobre las hojas de un árbol se utiliza de diferentes maneras. Una parte es reflejada, y de ese modo podemos ver las hojas verdes, una parte es absorbida y las calienta, y otra parte es transformada en alimento y oxígeno. En última instancia nosotros comemos el alimento, la consumimos con el oxígeno que respiramos, y por tanto utilizamos la energía solar para movernos, pensar y mantenernos calientes. La primera ley dice que esta energía siempre se conserva y que, independientemente de lo lejos que se disperse, la suma total siempre permanece constante. La segunda ley habla de la asimetría de la naturaleza. Cuando el calor se transforma en trabajo siempre se desperdicia algo. La redistribución de la cantidad total de energía en el universo tiene una dirección, según la segunda ley: siempre se mueve pendiente abajo. Los objetos calientes se enfrían, pero los objetos fríos nunca se calientan espontáneamente. Puede parecer que se rompe la ley cuando se golpea alguna forma de energía metaestable almacenada, como cuando se enciende una cerilla, o un trozo de plutonio sufre una fisión. Sin embargo, la energía ya no puede recuperarse una vez usada. La ley no ha sido rota, sólo se ha redistribuido la energía y se ha mantenido el camino cuesta abajo. El agua no fluye río arriba desde el mar a las montañas. Los procesos naturales siempre se mueven hacia un incremento del desorden que se mide por la entropia, cantidad que siempre e inexorablemente aumenta.

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Me gusta pensar que la entropía muestra la propiedad más auténtica de nuestro universo: su tendencia a declinar, a consumirse. Otros la ven como la dirección de la flecha del tiempo, una progresión inevitable desde el nacimiento a la muerte. Lejos de ser algo trágico o causa de dolor, esta tendencia natural hacia la decadencia nos beneficia. Sin el declive general del universo no podría haber existido el Sol, y sin el consumo superabundante de su reserva de energía, el Sol nunca hubiera proporcionado la luz que nos permite existir.

martes, 3 de mayo de 2011

jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin

 ¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.


martes, 12 de abril de 2011

Jorge Oteiza

MANO

Entre el hombre y las cosas, la comprobación de su mano. Miles de años una herramienta de piedra prolonga la mano. Vive el hombre del Muro que ha tocado con la mano. Con el txistu en la mano va contando el muro a los demás. Acerca las cosas y las aleja con la mano. Según el peligro, el conocimiento, la necesidad de las cosas, así es la escala de la relación del hombre con el mundo. Las cosas se ocupan lejos de la mano o se dejan tocar por la mano.

Jorge Oteiza, ...Quosque tandem!

lunes, 11 de abril de 2011

Andrè Compte-Sponville en "La feliz desesperanza"






[...] existe por un lado la explicación, y creo en efecto que, en el orden de la explicación, es lo inferior lo que prima -es lo que llamo el primado de la materia-, y, por el otro, el campo práctico, el campo normativo, el campo de los valores. Se trata de saber lo no ya lo que vale más, sibjetivamente; y es lo que llamo la primacía. El primado es la mayor importancia objetiva; la primacía, el más alto valor subjetivo.

Desde este punto de vista, puedo decir "primado de la materia": si vivo, es porque tengo un organismo constituido tal como es, un organismo material, corporal. Si pienso, es gracias a mi cerebro.

Pero primacía del espíritu, porque, claro está, el pensamiento de un hombre tiene más valor que su cerebro, porque sus capacidades de amor, su vida afectiva, su vida espiritual, tienen más valor que los fenómenos puramente fisiológicos que se producen en sus órganos. Primado de la sexualidad, pero primacía del amor; primado del inconsciente, pero primacía de la conciencia; primado del cuerpo, pero primacía del espíritu.

[...] Marx insistió a la vez en el primado de la economía y en lo que yo llamo la "primacía de lo político". Para Marx, ¡la acción vale más que la riqueza! ¡La justicia, más que el provecho! Lo demostro durante su vida, lo pagó con su persona: se comprometió con la acción política. A Marx se le podría objetar: "Pero, a ver, si para usted lo esencial es la economía ¿por qué no se hizo banquero? ¿Por qué no se dedicó a los negocios antes que a la política?". Esto sería confundir el primado con la primacía. Marx pensaba que, en efecto, en la vida de las sociedades, la infraestructura económica determina todo lo demás -y creo que globalmente tenía razón en ese punto-, pero que la única forma de actuar en esa infraestructura económica era la acción política.

Desde este punto de vista, o que tenía más valor para él era la política; y sigo estando de acuerdo con él también en este punto. Primado de la economía, pero primacía de la política. Esto sigue siendo cierto hoy en día.

GEORGE BATAILLE sobre La Literatura y el Mal. Entrevista.

La literatura va de la mano del mal. La literatura, en su profundidad, en la altura, se topa cara a cara con el mal, ese mal que limita la libertad y que a su vez abre camino al bien. El bien que es el limite del mal.

Cuando la literatura se aleja del mal, se convierte en aburrida.


viernes, 8 de abril de 2011

Andre Gorz "Carta a D. Historia de un amor"

(...) Seguramente no estuve a la altura de la resolución tomada hace treinta años: de vivir plenamente en el presente, atento sobre todo a la riqueza en que consiste nuestra vida en común. Ahora vuelvo a vivir los momentos en que tomé esta resolución con un sentimiento de urgencia. No tengo mayor obra en mi taller. Ya no quiero -según la fórmula de Georges Bataille- "posponer la existencia para mas tarde". Estoy tan atento a tu presencia como en nuestros comienzos y me gustaría hacértelo sentir. Me entregaste toda tu vida y todo lo tuyo. A mí me gustaría poder darte todo lo mío durante el tiempo que nos quede.

Recién acabas de cumplir ochenta y dos años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu  cuerpo apretado contra el mío. (...)