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domingo, 14 de agosto de 2011

MICHEL FOUCAULT Las palabras y las cosas. Cap.10 Las ciencias humanas.

 En cuanto al lenguaje es lo mismo: aunque el hombre sea en el mundo el único ser que habla no por ello es una ciencia humana el conocer las mutaciones fonéticas, el parentesco de las lenguas, la ley de los deslizamientos semánticos; en cambio, se podrá hablar de ciencia humana una vez que se intente definir la manera en que los individuos o los grupos se representan las palabras, utilizan su forma y su sentido, componen sus discursos reales, muestran y ocultan en ellos lo que piensan, dicen, quizá sin saberlo, más o menos lo que no quieren, y en todo caso dejan una gran cantidad de huellas verbales de estos pensamientos, huellas que hay que descifrar y restituir en la medida de lo posible en su vivacidad representativa. El objeto de las ciencias humanas no es, pues, el lenguaje (hablado sin embargo por ellos solos), es ese ser que, desde el interior del lenguaje por el que está rodeado, se representa, al hablar, el sentido de las palabras o de las proposiciones que enuncia y se da, por último, la representación del lenguaje mismo.


martes, 21 de junio de 2011

Alejandra Pizarnik

de La extracción de la piedra de la locura.




CONTINUIDAD



No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea con una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío --dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que ya no había cuando me encontré diciendo: soy yo.) Cúrame --dije.




Fragmentos para dominar el silencio





I


    Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos. 




II

    Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.
    Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores.

No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.




III

    La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.



Julio Cortázar "Rayuela"










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¿Por qué tan lejos de los dioses? Quizá por preguntarl¿Y qué? El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas. ¿Qué epifanía podemos esperar si nos estamos ahogando en la más falsa de las libertades, la dialéctica judeocristiana? Nos hace falta un Novum Organum de verdad, hay que abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo. Tener el valor de entrar en mitad de las fiestas y poner sobre la cabeza de la relampagueante dueña de casa un hermoso sapo verde, regalo de la noche, y asistir sin horror a la venganza de los lacayos.

sábado, 18 de junio de 2011

Marcel Proust

Creo que si estuviéramos ante la amenaza de morir del modo en que usted dice (un cataclismo mundial), a todos la vida nos parecería repentinamente maravillosa. Piense solamente en la cantidad de proyectos, viajes, amores, estudios que nuestra propia vida nos oculta,  que son invisibles debido a nuestra pereza y a que por nuestra certeza de que existe un futuro posponemos sin cesar.
Pero si todo esto amenazara ser imposible para siempre, ¡que hermoso volvería a ser! ¡Ah! Con tal de que el cataclismo no se produjera, no dejaríamos de visitar las nuevas galerías del Louvre, ni de arrojarnos a los pies de la señorita X, ni de hacer un viaje a la India.
Si el cataclismo no se produce, no haremos nada de cuanto nos apetece hacer, ya que nos veremos de nuevo en el seno de la vida normal, aquella en que la negligencia apaga el deseo. Y sin embargo ese cataclismo no nos habría hecho ninguna falta para amar la vida hoy en día. Habría bastado con pensar que somos seres humanos y que la muerte puede sobrevenirnos esta misma noche.


La enfermedad por sí sola nos lleva apercibir y a aprender, y nos permite llevar a cabo el análisis de los procesos que de otro modo desconoceríamos por completo. Un hombre que todas las noches cae rendido en la cama, y que deja de vivir hasta el instante en que despierta y se levanta, sin duda jamás soñará con hacer no ya grandes descubrimientos, sino tampoco algunas mínimas observaciones sobre el sueño. Apenas sabe que está dormido. Un poco de insomnio n carece de valor a la hora de hacernos apreciar el sueño, a la hora de arrojar un rayo de luz sobre esas tinieblas. Una memoria infalible no es un incentivo muy poderoso a la hora de estudiar el fenómeno mismo de la memoria.




Los pesares y tristezas, en el momento en que se transforman en ideas, pierden parte del poder que tienen de destrozarnos el corazón.


Todo arte de vivir consiste en aprovechar a los individuos a través de los cuales sufrimos.

Muchas veces, por el cielo de la tarde cruza la luna, blanca como una nube, furtiva, sin brillo, igual que una actriz cuya hora de trabajar aún no ha llegado, y que en traje de calle mira desde la sala a sus compañeras sin llamar la atención, deseosa de que nadie se fije en ella.

Solemos dar a lo que sentimos una forma de expresión que difiere muchísimo de la propia realidad, a pesar de lo cual al poco tiempo tomamos esa expresión por la realidad misma.

En la lectura, la amistad a menudo nos devuelve su primitiva pureza. Con los libros, no hay falsa amabilidad que valga. Con estos amigos, si pasamos la velada en su compañía es porque real y genuinamente nos apetece.

Solo reiremos de lo que dice Moliere en la medida en que lo encontremos divertido; cuando nos aburre, no nos preocupa parecer aburridos, y cuando estamos definitivamente cansados de su compañía, lo devolvemos a su sitio sin miramientos, sin importarnos su genio ni su celebridad.

... en el mismo instante en que aquel sorbo, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos, su brevedad en ilusoria [...] Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal.

La memoria voluntaria, la memoria del intelecto y de la vista, nos da solamente imprecisos facsímiles del pasado, que no se parecen al pasado más de lo que los cuadros de los malos pintores se parecen a la primavera ... . Por eso no creemos que la vida sea hermosa por que no la recordamos hermosa, aunque si percibimos un olorcillo que nos remita a un olor tiempo atrás olvidado, nos sentimos de pronto embriagados, y de igual manera pensamos que ya no amamos a los muertos, pues no los recordamos, pero si por casualidad topamos con un viejo guante nos echamos a llorar.


martes, 31 de mayo de 2011

E.M. CIORAN "Ese maldito yo" Ed Tusquets.





"Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo."

"El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad"

"Esos instantes en los que basta un recuerdo o menos aún para deslizarse fuera del mundo"

"La mejor prueba de que la envidia es universal es que se manifiesta hasta en los propios alienados, en sus breves intervalos de lucidez"

"Lo que sé arruina lo que deseo"

lunes, 9 de mayo de 2011

JAMES LOVELOCK Las edades de Gaia.



La vida es social. Existe en comunidades y colectivos. Existe una palabra útil en física para describir las propiedades de los conjuntos: COLIGATIVO. Es necesaria porque no hay manera de medir o expresar la temperatura o la presión de una molécula individual. Los físicos dicen que temperatura y presión son propiedades coligativas de un número suficiente de moléculas. Todos los conjuntos de cosas vivas presentan propiedades no esperadas desde el punto de vista de un solo elemento vivo. Nosotros, y algunos otros animales, mantenemos una temperatura constante cualquiera que sea la temperatura de nuestro alrededor. Este hecho nunca hubiera podido ser observado a partir de la consideración de una sola célula de un cuerpo humano. La tendencia a la constancia fue observada por primera vez por el fisiólogo francés Calude Bernanrd en el siglo XIX. Su sucesor americano de este siglo, Walter Cannon, la llamó HOMEOSTASIS, o sabiduría del cuerpo. La homeostasis es una propiedad coligativa de la vida.

No tenemos problemas con la idea de que las entidades nobles como los seres humanos están formadas por una serie de comunidades celulares interconectadas de forma intricada. No encontramos muy difícil considerar una nación o una tribu como una entidad formada por su gente y el territorio que ocupan. ¿Pero qué podemos decir acerca de las grandes entidades como los ecosistemas y Gaia? Fue necesario ver la Tierra desde el espacio, directamente a través de los ojos de los astronautas o indirectamente mediante los medios de comunicación, para que nos diera la sensación personal de un planeta realmente vivo en el que las cosas vivas, el aire, el océano y las rocas se combinan en una sola entidad como Gaia.


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La hipótesis de Gaia, cuando la expusimos en los años setenta, suponía que la atmósfera, los océanos, el clima y la corteza de la Tierra se encuentran ajustados a un estado adecuado para la vida por el comportamiento de los mismos organismos vivos. Concretamente, la hipótesis de Gaia dice que la temperatura, el estado de oxidación, de acidez y algunos aspectos de las rocas y las aguas se mantienen constantes en cualquier época, y que esta homeostasis se obtiene por procesos cibernéticos llevados a cabo de manera automática e inconsciente por el biota. La energía solar sustenta estas condiciones favorables para la vida. Estas condiciones son sólo constantes a corto plazo y evolucionan en sincronía con los cambios requeridos por el biota a lo largo de su evolución. La vida y su entorno están tan íntimamente asociados que la evolución afecta a Gaia, no a los organismo o al medio ambiente por separado.

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La primera ley de la termodinámica se refiere a la energía o, en otras palabras, a la capacidad de realizar trabajo. Este principio dice que la energía se conserva. La energía que en forma de luz solar cae sobre las hojas de un árbol se utiliza de diferentes maneras. Una parte es reflejada, y de ese modo podemos ver las hojas verdes, una parte es absorbida y las calienta, y otra parte es transformada en alimento y oxígeno. En última instancia nosotros comemos el alimento, la consumimos con el oxígeno que respiramos, y por tanto utilizamos la energía solar para movernos, pensar y mantenernos calientes. La primera ley dice que esta energía siempre se conserva y que, independientemente de lo lejos que se disperse, la suma total siempre permanece constante. La segunda ley habla de la asimetría de la naturaleza. Cuando el calor se transforma en trabajo siempre se desperdicia algo. La redistribución de la cantidad total de energía en el universo tiene una dirección, según la segunda ley: siempre se mueve pendiente abajo. Los objetos calientes se enfrían, pero los objetos fríos nunca se calientan espontáneamente. Puede parecer que se rompe la ley cuando se golpea alguna forma de energía metaestable almacenada, como cuando se enciende una cerilla, o un trozo de plutonio sufre una fisión. Sin embargo, la energía ya no puede recuperarse una vez usada. La ley no ha sido rota, sólo se ha redistribuido la energía y se ha mantenido el camino cuesta abajo. El agua no fluye río arriba desde el mar a las montañas. Los procesos naturales siempre se mueven hacia un incremento del desorden que se mide por la entropia, cantidad que siempre e inexorablemente aumenta.

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Me gusta pensar que la entropía muestra la propiedad más auténtica de nuestro universo: su tendencia a declinar, a consumirse. Otros la ven como la dirección de la flecha del tiempo, una progresión inevitable desde el nacimiento a la muerte. Lejos de ser algo trágico o causa de dolor, esta tendencia natural hacia la decadencia nos beneficia. Sin el declive general del universo no podría haber existido el Sol, y sin el consumo superabundante de su reserva de energía, el Sol nunca hubiera proporcionado la luz que nos permite existir.

martes, 3 de mayo de 2011

jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin

 ¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.